Esas horas perdidas
Cientos de hormigas trabajando, cada una en su equipo.
Con objetivos distintos.
Unas pocas por vocación,
las más por necesidad (hay un equipo en casa que alimentar)
Hasta tienen sus propias universidades.
Allí crean, por ejemplo,
hormigas doctas en mover palitos del suelo.
Unas diseñan rampas para acceso,
otras deciden el camino a seguir.
Y todas,
todas sin excepción, aguardan
al final de la jornada para tener su tiempo,
tiempo para su pasión de toda la vida,
la que tenían hace años.
Pero tanto trabajo hecho a desgana
ha atrofiado su capacidad y hasta sus ganas.
Llegada la hora de disfrutar con sus cosas,
ya han perdido la práctica,
no saben cómo hacerlo.
¡Qué facilidad, qué desvarío!
¡Qué desperdicio!
Con objetivos distintos.
Unas pocas por vocación,
las más por necesidad (hay un equipo en casa que alimentar)
Hasta tienen sus propias universidades.
Allí crean, por ejemplo,
hormigas doctas en mover palitos del suelo.
Unas diseñan rampas para acceso,
otras deciden el camino a seguir.
Y todas,
todas sin excepción, aguardan
al final de la jornada para tener su tiempo,
tiempo para su pasión de toda la vida,
la que tenían hace años.
Pero tanto trabajo hecho a desgana
ha atrofiado su capacidad y hasta sus ganas.
Llegada la hora de disfrutar con sus cosas,
ya han perdido la práctica,
no saben cómo hacerlo.
¡Qué facilidad, qué desvarío!
¡Qué desperdicio!