dos hormigas bajo la lluvia

con los ojos bien abiertos y las patas en el suelo intentamos seguir nuestro rumbo disfrutando del camino con el resto de hormigas.

31.3.06

Linterna

Cuando son las nueve en Buenos Aires,
(despierta la ciudad)
son ya las dos en Barcelona
(hora de comer, el bar se llena).

Es lo que tiene.
Australia va en cabeza, abriendo el día,
nosotros lo recibimos cuando llega,
y Samoa lo cierra como puede.

Vivimos el tiempo, dicen unos.
¡Qué gran mentira!
Él viene,
llega
y se va.
y el reloj nos sirve de linterna.

Redescubriendo la selva

Como hormigas que somos, debemos ir con cuidado con los grandes mamíferos que habitan esta selva que tenemos por vida. No es extraño encontrar a uno de esos grandullones pisando a alguna amiga, o machacando la hierba que necesitamos para sobrevivir. Hay que ir con cuidado.

Pero, por otro lado, tampoco podemos fijar nuestra mente solo en eso; hay otras hormigas en el camino y es recomendable compartirlo con ellas por si aprendemos a construir represas o a evitar a los osos (hormigueros, como no).

El primer día que uno comparte un rato en el sendero con otra hormiga parece que descubriera el mundo, todo es color y maravilla. Se olvida uno de andar. No le pesan las patitas ni ve la selva desde tan abajo, sino que se eleva un palmo sobre el terreno y ve más allá del árbol caído.

Después de un tiempo se comparte el camino pero de forma más distendida, unas charlitas por aquí, unos sorbos en el charco de la esquina por allá, pero poco más.

Y de repente, cuando uno cree que ya sabe cómo funciona el otro, se descubren nuevas vías todavía no exploradas. Qué tremendo!

Pues hoy, he mirado a mi lado y, de repente, he redescubierto a una hormiga amiga, compañera (que bien le queda ese adjetivo) que conocí hace años en la caja de un pick-up y con la que, entre bote y bote, hemos resuelto mil veces el mundillo. Valiente, sincera, exploradora y con tantas ansias de aprender que, de tanto aprender, tiene ahora tantísimo que enseñar.

Hormiguita, compañera, no sé por qué motivo me sigues mirando con ojos saltones cuando agarro una hojita de pino y la levanto sobre mi cabeza, o cuando te cuento cómo conseguí el otro día que un elefante me confundiera con uno de ellos.

Tú, ¿te has visto? Venga ya! Se acabó el cuento. A mí no me engañas. Tienes las patas fibradas ya de tanto caminar por ramitas de árbol, siempre cerca del precipicio, así que deja de poner esos ojos de sapo y vente aquí conmigo. Que hay mucho que hacer y tienes mucho que enseñarme.

27.3.06

Domingos eternos

Trabajadores desplazados,
seguid la fiesta
pero esconded la tristeza.

Ellos quedan ya muy lejos:
más allá del océano revuelto
y las caricias perdidas en el tiempo.
Es tanta la distancia...

Pero comed,
comed y bebed juntos.
Pasad la tarde de domingo,
no dejéis espacio al remordimiento.
Aguantad amigos,
el alivio está cerca,
mañana es lunes, qué alegría!
el trabajo os espera.

Vuestra casa, tras el horizonte,
la guardan los niños.

Vuestro hogar, amigos,
vuestro hogar es esto:
la foto en el camastro,
dos calzoncillos limpios
y un montón de recuerdos.

Qué duro el comienzo!
renunciasteis a su compañía.
Más tarde el camino se hizo eterno,
fallaron las fuerzas y se perdieron ellos.

Ahora ya, para qué tanto esfuerzo,
si ya no os esperan,
Ni vosotros lo hacéis.

Bebed, gozad y dejaos de chorradas.
Vivís al extremo.

Mi más profundo respeto.

26.3.06

dulce disculpa

Perdona, perdona mi torpeza, mi arrogancia
y mi forma de culparte en silencio,
Clavando darditos de caramelo, dulces pero afilados,
Con una sonrisa en los labios.

De tu lista negra bórrame,
o mejor aún escríbeme con letras de chocolate
para que disfrutemos de nuestros pecados
Cuando me perdones.

1.3.06

Juega conmigo

Si pudiera llegar a saberte mía
jugaría todos los días a mirarte.
Pasaría mi tiempo viéndote pasear,
o jugando a ser avión contra el viento,
o quizás tras un ciprés escondida, quién sabe.

Eso sí,
intentaría entender lo que piensas,
porqué sonríes así cuando me miras,
o pones esa cara tan fea cuando lloras.

Si pudiera comprender todo eso…
no sé, creo que explotaría,
explotaría de placer y rabia a la vez.
Sabría como actuar para hacer que rieras más y más,
pero también perdería el placer de descubrirte cada día.