dos hormigas bajo la lluvia

con los ojos bien abiertos y las patas en el suelo intentamos seguir nuestro rumbo disfrutando del camino con el resto de hormigas.

27.9.06

verano en el pueblo

Los naipes en la mesa y el niño sorprendido; otra vez la bisabuela le ha enseñado un juego nuevo. ¡Qué descubrimiento!, ¡qué alegría!, ¡qué ilusión!
Y contará las horas hasta mañana cuando, como cada día este verano, tocará el timbre y pedirá permiso para entrar en casa y visitar a la señora.
Le encanta, y sus amigos no lo entienden. Le encanta beber del grifo de los años, tomar sus pastas...
Y ella baraja las cartas y empieza otra vez el ritual.
Dime a dónde vas,
y me voy contigo.

Acompáñame a casa,
y te diré quién eres.

amarguras...

Melocotones amargos,
resecos, sin gusto
quedaron ayer inertes
de tanto que cayeron.

Recógelos del suelo,
llévalos a casa,
límpialos y dales tus mejores perfumes;
que descansen, lo necesitan.

Quizás la semana próxima resurjan,
o talvez se pierdan para siempre.

¿jugamos?

Para entendernos, de verdad,
como lo hacen el abuelo y el niño
debemos aprender el uno del otro
los juegos de nuestra infancia,
y jugarlos de nuevo,
juntos,
con la misma ilusión.
Entregarnos a correr hasta no poder más,
escondernos, o creernos mosqueteros,
médicos o ciclistas.
Las chapas, los aviones de papel, el partido en el patio y el pilla-pilla
son lo que te puedo ofrecer.
¿Jugamos?